Ensayo sobre VZLA en Journal of Democracy, Rómulo Gallegos, etc...
Y otras noticias sobre mi Substack
Primero que nada, aquí los dejo con un ensayo que escribí sobre Venezuela para el Journal of Democracy, junto con el enlace a un libro sobre María Corina Machado—editado por Sergio Dahbar—que incluye una reflexión sobre los dilemas morales de la oposición venezolana, publicada antes aquí. El volumen reúne textos de autores de distintos países.
Algún día Dahbar tendrá que ser honrado por una labor quijotesca: contribuir a mantener a flote la industria editorial venezolana en tiempos de dictadura y del asalto salvaje de las redes sociales a nuestra atención. Hasta quienes solían leer libros han dejado de hacerlo. A mí, en particular, la distracción del celular me ha obligado a buscar nuevas horas y métodos para recuperar la tranquilidad y la concentración que exige la lectura.
Lo segundo es una nota dirigida a los nuevos suscriptores.
Aunque este Substack comenzó como un espacio para compartir reflexiones sobre literatura, siempre supe que la política se entrometería, a cada rato, en la programación regular, a veces mezclándose con ella y otras desplazándola para convertirse en el foco principal, como ha ocurrido en los últimos meses.
Durante ese período, el número de lectores ha aumentado, muchos de los cuales llegaron a través de artículos y ensayos sobre Venezuela. A ellos intentaré convencerlos de que la literatura no es solo tan apasionante como la política, sino que además nos ayuda a comprenderla.
Si quieren algunas muestras de mis artículos literarios, pueden leer aquí textos sobre García Márquez y el fracaso, el erotismo de Tiziano y Klimt (el más corto y el más leído), Philip Larkin y la cercanía a la muerte, y el concepto de lo real maravilloso en Alejo Carpentier (el que más disfruté escribiendo).
Sobre cómo la literatura ha enriquecido—y sigue enriqueciendo—mi comprensión de la política, pueden leer mis reflexiones sobre Vargas Llosa y la desigualdad, Vargas Llosa y la boliburguesía, Bukele y El Gran Inquisidor de Dostoyevski, Elon Musk y Los hermanos Karamázov, Conrad y la ansiedad en tiempos de Trump, la culata de Mark Twain y muchos otros.
También pueden leer mis odas a los excesos sentimentales en las obras de Tomás Eloy Martínez y Pedro Almodóvar, mi crítica al virtuosismo estilístico de Vladimir Nabokov, por qué el pintor Edward Hopper prefiguró El coronel no tiene quien le escriba, cómo Matisse me ayudó a apreciar un adjetivo de Borges y el vínculo entre la pasión de mi hija por Taylor Swift y la mía por Tolstói.
Pronto compartiré un conjunto de reflexiones sobre Doña Bárbara, fruto de varios meses de estudio de la novela, aunque «estudio» no es la palabra más precisa para describir algo que no he vivido de ese modo. Comencé con la intención de articular una crítica feroz a Rómulo Gallegos como novelista y, aunque ese sigue siendo el propósito, tengo que confesar que le he agarrado cariño y que he llegado a convencerme de que, pese a sus defectos, era un escritor con todas sus letras.
Admiro su pasión genuina por la naturaleza y su fascinación por la correspondencia entre los ritmos del mundo natural y el comportamiento humano (alguien aburrido y somnífero habla «dos horas seguidas, como un aguacerito blanco»). Es fácil imaginarse a Gallegos abrumado por la hermosura de una sabana en Apure, sintiendo al mismo tiempo júbilo y frustración por no poder describir lo indescriptible con un lápiz, aunque eso no le impida intentarlo.
También admiro cuando logra capturar dinámicas sutiles en las relaciones, como en su retrato de la etapa platónica del idilio entre Santos Luzardo y Marisela en Doña Bárbara; para mí, lo mejor de la novela. Pocos han iluminado como Gallegos el valor del amor no consumado: su belleza pura e intacta, blindada contra las desilusiones que inevitablemente surgen al abandonar el terreno de la aspiración y los sueños.
Aunque su propensión pedagógica, sus diálogos acartonados, su manía de explicarlo todo y sus ocasionales relámpagos de cursilería me irritan e incluso exasperan, Gallegos me recuerda con frecuencia la frase de Javier Cercas sobre la lectura al provocar en mí «la misma emoción profunda que sentimos cuando vemos fuera de nosotros lo que llevamos dentro de nosotros».
En fin, ya me cuesta contener el impulso de extenderme, lo cual no era la intención principal de esta nota. La intención era compartir un ensayo sobre una pregunta que considero importante: cómo aprovechar este momento excepcional para lograr, por fin, la libertad en Venezuela.
Gracias por leer.


