Por qué Irán es una mala noticia para VZLA
Y cómo Doña Bárbara nos ayuda a entenderlo
Desde la extracción de Nicolás Maduro el 3 de enero, ha habido incertidumbre sobre los objetivos de Estados Unidos en Venezuela. Trump no habla de elecciones, salvo cuando los periodistas le preguntan por el tema. Ha dado señales de conformarse con alguien al mando que lo obedezca y le garantice acceso al petróleo y otros recursos naturales.
Al mismo tiempo, la democratización es la tercera fase del plan para Venezuela articulado por su secretario de Estado, Marco Rubio.
En entrevistas y discursos públicos, Rubio y otros funcionarios han resaltado que el objetivo final es una transición, lo cual sugiere que Trump, al menos hasta hace poco, respaldaba ese plan, no se resistía a él o—lo más probable—no pensaba demasiado en el asunto como para tener una posición firme a favor o en contra.
Desde el ataque a Irán, sin embargo, Trump parece haber desarrollado convicciones más sólidas sobre Venezuela. El caso iraní tal vez lo persuadió de que la dinámica de su relación con Delcy—en la que él da órdenes y ella cumple—es un modelo a seguir. EE UU puede alcanzar sus objetivos promoviendo cambios de comportamiento de régimen, en lugar de cambios de régimen.
Lo que comenzó como un esbozo de idea se ha transformado en su mente, aunque no lo haya sido al inicio, en un enfoque de su política exterior que considera innovador: instalar a la fuerza líderes dóciles alineados con las prioridades e intereses de la Casa Blanca.
Ayer, mientras revisaba mis apuntes sobre Doña Bárbara, la novela de Rómulo Gallegos, me crucé con una descripción de la protagonista que ilumina lo que intentó describir.
Doña Bárbara promueve un encuentro entre Balbino Paiba, uno de sus matones, y el otro protagonista Santos Luzardo, en el que Paiba muere en un enfrentamiento confuso con Luzardo y su peón Pajarote. Aunque no fraguó la cita con ese propósito, Doña Bárbara acaba convencida de que el asesinato de su capataz le conviene….
No porque aquella solución fuese, en realidad, la que ella hubiere perseguido, pues en este, como en casi todos sus planes, no hubo sino una simple provocación impulsiva de un resultado cualquiera, golpe a salga lo que saliere, para ponerle término a una situación complicada. Pero como siempre le acontecía, en presencia del resultado fortuito se engañaba a sí misma, diciéndose que así lo había previsto, que ésa era lo que buscaba.
La situación en Irán ha convencido a Trump ex post facto de que, ante la amenaza de caos e inestabilidad en ese país, un escenario como el de Venezuela sería bastante ideal. De hecho, no solo ideal: a su modo de ver, constituiría otro éxito de su política exterior, una prueba más de las ventajas de su enfoque de cambiar comportamientos en vez de cambiar regímenes.
Esto significa que cualquier cosa que amenace la aparente estabilidad en Venezuela no favorece a Trump, sobre todo si la crisis iraní se complica, algo casi inevitable.
Por ahora, le conviene que las cosas permanezcan como están.


