El camello ciego y los terremotos
En un reportaje de The New York Times sobre las trágicas secuelas de los sismos en Venezuela, leí esta oración:
Afuera de otra estructura derrumbada, una pareja buscaba a su hijo de ocho años, que jugaba baloncesto cerca de allí cuando comenzaron los terremotos.
No sé cuántas veces, al salir a caminar por mi vecindario, me he encontrado con mi hijo de diez años jugando al básquetbol en una cancha cerca de la casa, solo o con algún amiguito.
He leído muchos artículos y visto muchos videos con testimonios de víctimas que no solo velan a un ser querido, sino a una familia entera; también de niños que perdieron a ambos padres y ya no tienen quién los cuide. Pero la imagen del niño que murió jugando al básquetbol tocó una fibra más íntima, tal vez porque me permitió acercarme más al horror que deben estar viviendo su papá y su mamá. ¿Cómo me sentiría si una tarde salgo a caminar, veo a mi hijo en la cancha, lo saludo, quizá lo espío un rato mientras juega solo, y luego sigo mi trayecto sin saber que nunca más volveré a verlo?
El destino es fuerte, torpe, inocente, inhumano.
Hace poco hablé de La busca de Averroes, el cuento de Borges en el que unos personajes discuten el célebre verso de Zuhair que compara el destino con un camello ciego. Uno de ellos defiende al poeta y alega que…
…nadie no sintió alguna vez que [como un camello ciego] el destino es fuerte y es torpe, que es inocente y es también inhumano […] No se dirá mejor lo que allí se dijo.
Es verdad que no se dirá mejor lo que allí se dijo, como también es cierta esta advertencia de Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos:
Nuestra felicidad está siempre en un equilibrio peligroso, inestable, a punto de resbalar por un precipicio de desolación.
Jamás nos libraremos por completo del camello. Pero eso no significa que no debamos hacer todo lo posible por prepararnos para sus inevitables golpes, ayudar a quienes han sido sus víctimas y curar o salvar a quienes no logró aniquilar del todo con su torpe ceguera.
En estas tareas, en las que la dictadura ha fallado y sigue fallando, nosotros podemos contribuir a socorrer a los afectados y a aliviar parte del dolor.
Aquí encontrarán un lugar confiable donde hacer donaciones.


